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Ya no queda aliento

Zdeněk Jiřička, nacido en 1937. Un nativo de los montes Krkonoše, quien pasó casi toda su vida en su cabaña ancestral en Vojtěšice y sus alrededores. Es un verdadero experto de su subregión y sin exageración, vive en completa simbiosis con la naturaleza. Un testigo del pasado, que dice: “Yo ya soy la tercera generación aquí. Bueno, y yo lo terminaré aquí.”

Las fotografías capturan las cuatro estaciones que componen el ciclo anual del agricultor Jiřička, quien, a pesar de su avanzada edad, no pierde energía ni vitalidad para cuidar los campos y atender a los animales domésticos.

El Sr. Jiřička dedicó toda su vida a la agricultura, aunque no de forma voluntaria, sino por necesidad y sobre todo, por amor a sus padres: “a quienes el régimen anterior les hubiera matado con trabajo.” Su padre le dijo cuando era joven que era su mano derecha, y por eso nunca dejó su lugar de origen, nunca tuvo una pareja y se resignó a una vida solitaria en armonía con la naturaleza.

La agricultura en las montañas era físicamente muy dura y exigente. Como dice el Sr. Jiřička: “Mucha gente, ellos estarían dispuestos a morir de hambre antes de hacer todo esto.” La primavera y el verano estaban dedicados a cavar, cultivar la tierra, sembrar, segar y secar heno. Con una risa, agrega: “Bueno, yo no tuve vacaciones escolares, ¿y días libres!? ¡Dios mío! la mayor parte del trabajo se hacía al aire libre. Solíamos ir a segar a las cuatro de la mañana, antes de que hiciera calor. Todo se segaba a mano.”

En otoño, era el momento de cultivar, sembrar trigo, cosechar patatas, cortar leña, arar el jardín, recoger manzanas, ciruelas… En invierno, a pesar de la nieve, tenía que cuidar al ganado, trillar el grano, transportar estiércol, hacer trabajos de reparación, herrería y despejar los caminos… Aparte de mucho trabajo recuerda con una sonrisa su alegría infantil: “Hacer trineo era genial. Solíamos hacerlo en las noches de luna llena. La nieve crujía bajo nuestros pies, la luna brillaba. Era maravilloso.”

A pesar de que trabajó duro toda su vida, el Sr. Jiřička es una persona muy culta con un pensamiento crítico, que le gusta formar su propia opinión sobre todo. “No tengo ni teléfono móvil ni televisión, esta cajita (golpea la radio) me ofrece tanta información. Hay noticias de diversos campos. Todo tipo de expertos conversan y eso es suficiente para mí, escuchar. De todos modos, en breve tengo que llevar comida a los ciervos. Vienen aquí regularmente cuatro de ellos. Les echo comida y observo a las aves. Herrerillos, mirlos, arrendajos, pájaros carpinteros, escribanos, unos cuantos gorriones, y por supuesto, los
jilgueros”. Su optimismo y perspectiva de vida son la razón por la cual, según su médico, aparentemente envejece lentamente.

Las experiencias de vida de este energético agricultor, quien continúa su arduo trabajo con una perspectiva equilibrada y un humor contagioso, sirven como un recordatorio de las vidas de los últimos agricultores tradicionales en la parte checa de los Montes Krkonoše. Sr. Jiřička ha vivido de la misma manera durante más de ochenta años y personifica el espíritu luchador de estos individuos.